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Festivales · MÁLAGA

El Festival Art Explora, un festival multidisciplinar que pone el punto de mira en el Mediterráneo

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El Festival Art Explora es un road show que recorre la costa mediterránea parando por ciudades como Tanger, Rabat, Venecia y Malta para dar valor a la cultura y el turismo mediterráneo. Durante su estancia en Málaga, el Festival Art Explora reunió a cerca de 20.000 asistentes en un evento que combinó arte, ciencia y cultura. Entre performances innovadoras, conferencias críticas, experiencias inmersivas y un programa de artes vivas multidisciplinar, el festival dejó huella en la comunidad malagueña, celebrando las tradiciones mediterráneas mientras reflexionaba sobre los retos contemporáneos y utilizaba enclaves emblemáticos de la ciudad para llevarse a cabo.

Un road show para celebrar la riqueza de la cultura mediterránea 

El Festival Art Explora se consolida como un evento itinerante que busca poner en valor la riqueza y diversidad de la cultura mediterránea. Con paradas estratégicas en ciudades emblemáticas como Tánger, Rabat, Venecia, Malta y Málaga, el festival recorre la costa mediterránea llevando consigo un programa multidisciplinar que une arte, ciencia y tradición en un homenaje a este mar que conecta culturas. 

Cada ciudad aporta su identidad al festival, enriqueciendo la narrativa colectiva del Mediterráneo y fomentando un diálogo cultural transfronterizo. Esta itinerancia no solo promueve la difusión de las actividades del festival, sino que refuerza el papel del Mediterráneo como un epicentro histórico y contemporáneo de creatividad y conexión entre pueblos. 

Un programa comprometido e innovador 

El festival dio inicio en el Centre Pompidou Málaga con dos performances: La sequía: un oasis, que exploró el ecocidio desde el flamenco, y Historia de un liquen, una obra que reflexionó sobre la relación entre lo humano y lo natural. Otras propuestas como Un paseo mecido de Diego Delas y Zambulla A de Alessandra García abordaron temas como la conexión con el entorno y las tensiones sociales relacionadas con la pertenencia y la clase. 

En paralelo, conversaciones entre artistas y científicos ofrecieron un espacio para el diálogo interdisciplinario, explorando ideas innovadoras como el vínculo entre el genoma del mixino y la creación artística. Por otro lado, conciertos como el de Ciervoss sorprendieron con una fusión de géneros como el punk futurista, aportando un enfoque fresco y experimental al evento. De esta manera se creó un espacio que fue escaparate de innovación además de aportar valor a la cultura malagueña y mediterránea con una oferta diversa enfocada en el tema central del festival: la cultura mediterránea. 

El análisis crítico y la reflexión cultural ocuparon un lugar destacado en el festival. Entre las actividades más relevantes se encontró la trilogía Tetuan, Tetuán, تطوان, del cineasta Adrian Schindler, que abordó el legado del colonialismo español a través de metodologías colaborativas y narrativas visuales profundas. 

Por su parte, las sesiones de escucha de Black Med conectaron sonidos del Mediterráneo con sus contextos históricos y culturales, creando una experiencia auditiva cargada de significado. Así, el festival se consolidó como un espacio que no solo celebra el arte y la cultura, sino que también devuelve valor al patrimonio mediterráneo, fomentando la reflexión sobre su legado y desafíos actuales. 

La música como cierre y celebración 

Entre las propuestas destacó Antípodas, de Florencia de la Oz e Isidora O’Ryan, que ofreció una experiencia sensorial combinando música y elementos visuales para explorar conceptos de dualidad. Finalmente, el evento cerró con la actuación de la Antipanda de verdiales, un homenaje a las tradiciones locales que marcó el broche de oro del festival. 

“La cálida acogida del público demuestra que, con enfoques innovadores, el arte contemporáneo puede conectar con toda la comunidad, revitalizando espacios culturales esenciales”, señalaron Rosa Lleó y Álex Martín Rod, comisarios del evento. 

El catamarán más grande del mundo 

Amarrado en el Muelle Uno del Puerto de Málaga, el catamarán más grande del mundo fue una de las principales atracciones del festival, recibiendo a más de 12.000 visitantes. Un reto logístico llevado a cabo bajo el mando de Emanuelle Didou que ofreció experiencias inmersivas de realidad virtual, un viaje sonoro por el Mediterráneo y proyecciones audiovisuales que reflexionaron sobre la representación de la mujer en las artes mediterráneas.  

Un venue bastante innovador para un festival artístico que no solo constituye una atracción en sí misma al ser el más grande del mundo, sino que también supone un aliciente para la expectación del público ya que genera curiosidad asistir a este tipo de actividades sobre el agua. 

La apuesta por la deslocalización

Una de las principales apuestas del Festival Art Explora fue la deslocalización, trasladando la programación a distintos puntos de Málaga y llevando el arte más allá de los espacios tradicionales. Escenarios como el Auditorio Eduardo Ocón, La Térmica y Astilleros Nereo se convirtieron en auténticos focos culturales, mientras que el Muelle Uno, con el catamarán más grande del mundo, atrajo a miles de personas con propuestas interactivas y tecnológicas. 

Esta estrategia permitió descentralizar el acceso a la cultura, conectando diferentes comunidades y revitalizando espacios urbanos y marítimos. Según los comisarios, la deslocalización no solo fomenta la inclusión, sino que también enriquece la experiencia artística al enmarcarla en contextos únicos y variados, ampliando así el impacto del festival en la ciudad y su entorno. 

Además, es cada vez más común utilizar diferentes enclaves de una ciudad para conectar el evento con el destino y hacerlo insignia de este. Cómo ya pudimos ver en eventazos como los JJ.OO. de París, utilizar escenarios emblemáticos de los destinos crea sinergias entre el evento y el destino en el que se establecen valores compartidos: se identifica el evento con la ciudad y la ciudad con el evento. 

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